martes, 1 de junio de 2010

Lover Mine (Capítulo XIX)

Capítulo 19

—Una hembra… — la voz suave y reverberante del Omega llegaba más lejos de lo que su volumen podría haber sugerido, las dos palabras se difundieron a todos los rincones de la habitación de piedra pulida que conformaba su cámara privada.
Lash hizo lo que pudo por aparentar indiferencia apoyándose despreocupadamente contra una de las paredes negras.
—La necesito para que me provea de sangre.
—¿De veras?
—Es algo biológico.
Con su túnica blanca, el Omega exhibía una figura impresionante al circular por el lugar. Con la capucha puesta, los brazos cruzados y las manos metidas dentro de las mangas vaporosas, parecía el alfil de un juego de ajedrez.
Salvo, por supuesto, que aquí abajo era el rey.
La zona de recepción del mal era aproximadamente del tamaño de un salón de baile y estaba adornada como tal, con abundancia de arañas negras y candelabros que sostenían legiones de velas negras. No obstante estaba lejos de ser austera. Por un lado, las mechas arrojaban llamas rojas. Y para colmo, las paredes, el suelo y el techo estaban confeccionados del mármol más extraordinario que Lash hubiera vista jamás. Desde un ángulo era negro, del otro de un rojo sangre metalizado y dado que la fuente de iluminación oscilaba constantemente, captabas ambos colores a tu alrededor al mismo tiempo.
No era difícil imaginar el motivo de la decoración. Ya que el guardarropa del Omega, que se limitaba a esas cosas que parecían ventiscas de nieve colgantes, eso le convertía en el foco principal, lo único que destacaba. El resto era telón de fondo.
También gobernaba su mundo de esa forma.
—¿Y ella sería una pareja para ti, hijo mío? —preguntó el Omega desde el otro lado de la habitación.
—No —mintió Lash—. Solo una fuente de sangre.
No dabas al Omega más información de la debida: Lash era bien consciente de cuán voluble podía ser su padre y era clave mantenerlo en la ignorancia.
—¿No te he proporcionado la fuerza suficiente?
—Esto concierne a mi naturaleza vampírica.
El Omega se volvió y enfrentó a Lash. Después de una pausa, esa voz distorsionada susurró:
—Ciertamente. Entiendo que esa es la verdad.
—La llevaré ante ti —dijo Lash, apartándose de la pared—. A la granja. Esta noche. La convertirás y yo tendré lo que necesito.
—¿Y yo no puedo proveerte de ello?
—Me lo estarías suministrando. Tú la induces y yo obtengo la fuente de sangre requerida para ganar poder.
—¿Así que dices que estás débil?
Joder, maldita sea, debía ser obvio que lo estaba. El Omega podía percibir cosas y seguramente ya debía hacer un tiempo que se le notaba la debilidad.
Cuando Lash permaneció en silencio, el Omega flotó hacia delante hasta que estuvieron cara a cara.
—Nunca he inducido a una hembra.
—No será necesario que forme parte de la Sociedad Lessening. Será sólo para mí.
—Para ti.
—No hay razón para que salga a luchar.
—Y esta hembra. ¿Ya la has elegido?
—Así es. —Lash rió brevemente, pensando en Xhex y en el daño que era capaz de infligir—. Estoy seguro que contará con tu aprobación.
—Estás muy seguro.
—Tengo muy buen gusto.
A su alrededor las llamas rojas temblaron en sus mechas, como si una brisa las hubiera perturbado.
Bruscamente, la capucha del Omega se alzó, revelando el rostro tenebroso y traslucido que tenía los mismos ángulos que la versión de carne y hueso de Lash.
—Regresa por donde viniste —pronunció el Omega alzando la mano oscura y humeante. Tras acariciar la mejilla de Lash, el mal se volvió—. Regresa por donde viniste.
—Te veré al anochecer —dijo Lash—. En la granja.
—Al. Anochecer.
—¿Prefieres que sea más tarde? ¿Qué te parece a la una? Nos veremos entonces.
—Me verás, ciertamente.
—Gracias, Padre.
Mientras el Omega atravesaba el suelo flotando, su capucha se reacomodaba en el lugar por voluntad propia y al otro lado de la habitación se deslizó un panel, abriéndose. Un momento después, Lash estaba solo.
Respirando hondo, se frotó el rostro y observó las llamas rojas y las espectaculares paredes que había a su alrededor. En cierta forma el lugar parecía un útero.
Con un destello de voluntad, se impulsó a sí mismo fuera del Dhunhd y de regreso a la desagradable choza que se había visto obligado a usar como plataforma de lanzamiento. Cuando se despertó dentro de su forma corporal, odió el hecho de estar tendido en un sofá cuyo cobertor tenía un estampado cursi de hojas otoñales. Y Dios, las hebras del tejido parecían el pelo rapado de un perro… y en verdad olía de la misma forma.
Asumiendo que el susodicho cuadrúpedo cabrón se hubiera revolcado en un cenicero mojado.
Alzando la cabeza, se levantó la camiseta hasta el cuello. Aún estaban allí. Las lesiones aún estaban ahí y agrandándose. Y se sentía como el culo.
Cuando se incorporó le temblaban las manos y cuando comprobó su teléfono, vio que no había recibido ninguna llamada. No tenía mensajes de voz del señor D ni de otros asesinos informando. Ambas cosas tenían sentido. Todo el mundo y todos los asuntos pasaban a través de su segundo al mando por lo que si el HDP había muerto, la Sociedad no podía contactar con Lash.
Tal vez el pequeño tejano había sido un AP demasiado eficiente.
Aguijoneado por el hambre, revolvió la cocina y abrió la puerta del frigorífico. Vacío. A excepción de una caja de bicarbonato de sodio Arm & Hammer que debería haberse utilizado en aquel sofá.
Cerrando el frigorífico de golpe, sintió un desprecio absoluto por el mundo y todos sus habitantes… aunque era principalmente el resultado de no tener sus huevos con tocino listos y esperándole.
Además, las casas decrépitas podían hacerle eso a un tío. La casa tipo rancho era una nueva adquisición y sólo había estado allí una vez antes… demonios, ni siquiera el señor D sabía que era propiedad de la Sociedad. La cuestión era que Lash, la había comprado en una ejecución hipotecaria porque iban a necesitar lugares para fabricar meta y el pedazo de mierda tenía un gran sótano. Era asombroso que quienquiera que hubiera sido el dueño no hubiera podido pagar los gastos de la hipoteca. Esta mierda solo estaba un escalón por encima de un retrete exterior.
Quizás medio escalón por encima.
Salió, se encaminó hacia el garaje y fue un jodido alivio estar de regreso en el Mercedes… aunque se sintió mortificado al tener que pasar por un autoservicio de MacDonald’s en busca de un Egg McMuffin y un café. Incluso había tenido que hacer fila junto a un grupo de tipos con camionetas y madres en monovolúmenes.
Al regresar a su casa de piedra, su humor se hundió aún más al entrar en territorio Charles Manson… y luego se fue directamente por el sumidero cuando entró en el garaje. La puerta seguía abierta, pero el Lexus ya no estaba.
Estacionando el Mercedes a cubierto, lo cerró con el control remoto y salió del garaje. El jardín de atrás estaba relativamente tranquilo, pero pudo oler al lesser en el mismo instante en que…
Deteniéndose en la terraza, sus ojos se dispararon hacia el segundo piso. Oh, Dios…
Reactivado por el pánico, Lash comenzó a correr a toda velocidad y subió los escalones de atrás de un solo salto, irrumpiendo por la puerta…
Sus mocasines patinaron mientras se detenía al ver la carnicería. Jesús…
Cristo… su cocina.
Parecía que hubieran rociado el lugar con una lluvia de aceite. Y, obviamente, no quedaba mucho del señor D. El torso del asesino estaba en medio de la habitación, al lado de la isleta, pero sus brazos y piernas estaban desparramados por todos lados… y sus tripas era como macramé colgando de los pomos de las puertas de la alacena.
Milagrosamente, la cabeza del tipo seguía adherida al torso y cuando vio que ya no estaba solo sus ojos se desorbitaron y comenzó a mover la boca; de sus labios brotó una suplica gutural y sangre negra coagulada.
—Jodido marica —escupió Lash—. Mírate. ¡Me cago en la puta! —Y maldita sea, tenía problemas más grandes que el hecho de que su segundo al mando hubiera sido descuartizado. Saltó por encima del desastre, atravesó el comedor a toda velocidad y subió corriendo las escaleras.
Al irrumpir en el dormitorio que compartía con Xhex, no encontró nada más que un enorme vacío… y una ventana con un agujero.
—¡Hija de puta!
Girando sobre sí mismo, miró a través de la puerta abierta y vio la marca que había fuera, en la pared del pasillo. Se acerco a zancadas, presionó la nariz contra el papel de seda e inhaló. Su esencia estaba en las fibras del tejido. Se había fugado a base de fuerza física.
No obstante, todavía estaba en la habitación después de que el señor D hubiera sido atacado. ¿Los Hermanos habían regresado y la habían ayudado a escapar?
Después de un rápido recorrido por la casa el humor de Lash pasó de malo a tóxico. Portátil: desaparecido. Móviles: desaparecidos.
Hijos de puta.
En la cocina, se dirigió a la despensa en busca de…
—¡Oh, coño!
Agachándose, se fijó en el panel que había sido roto y abierto. ¿Su botín había desaparecido también? ¿Cómo demonios lo habían encontrado? Pero por otro lado, el señor D tenía aspecto de haber ilustrado una clase de anatomía.
Tal vez hubiera hablado. Y eso significaba que Lash no podía estar seguro de que otras direcciones podía haber comprometido.
En un arranque de furia, lanzó un puñetazo y al hacer volar su puño con fuerza golpeó algo en el camino.
Un enorme tarro de aceitunas.
Aquello se rompió, el jugo se derramó por todas partes y esas pequeñas cositas parecidas a ojos golpearon el suelo y rodaron en todas direcciones corriendo por su libertad. Lash regresó a zancadas a la cocina y se acercó al señor D. Cuando esa boca ensangrentada comenzó a moverse otra vez, su penosa lucha le resultó definitivamente nauseabunda.
Estirándose hacia el mostrador, Lash sacó un cuchillo Henckels, lo tomó por el mango y se agachó.
—¿Les dijiste algo?
Cuando el señor D sacudió la cabeza, Lash lo miró fijamente a los ojos. La parte blanca estaba oscureciéndose, adoptando una tonalidad gris y las pupilas estaban dilatadas a tal punto de que ya casi no tenían iris. Sin embargo y aunque parecía estar a punto de morir, abandonado a su suerte el señor D languidecería y se pudriría eternamente en esa condición. Sólo había una forma de «matarlo».
—¿Estás seguro? —murmuró Lash—. ¿Ni siquiera cuando te arrancaron los brazos de las articulaciones?
El señor D movió la boca, los sonidos gorgoteantes se asemejaban a comida de perro cayendo fuera de la lata.
Con una maldición asqueada, Lash apuñaló el pecho vacío del lesser, librándose al menos de esa parte del desastre. Tanto el sonido como el destello se extinguieron rápidamente y luego Lash se encerró dentro, cerrando la puerta trasera antes de dirigirse nuevamente al segundo piso.
Le llevó media hora hacer las maletas y mientras bajaba las escaleras acarreando seis bolsas Prada, no podía recordar que alguna vez hubiera tenido que cargar con su propio equipaje.
Después de alinear su carga en los escalones traseros, dispuso la alarma de seguridad, cerró las puertas y metió sus cosas en el Mercedes.
Mientras se alejaba conduciendo, detestó la idea de tener que regresar al jodido rancho. Pero por el momento, no tenía más opciones… y tenía otras cosas en las que ocupar su jodida atención antes de pensar en el lugar donde viviría.
Tenía que encontrar a Xhex. Si había escapado sola era imposible que hubiera llegado lejos. Estaba demasiado débil. Así que debía tenerla la Hermandad.
Jesús bendito… con su padre acudiendo a la una de la madrugada para inducirla, debía apresurarse a recuperarla. O eso o encontraba a alguien con quien conformarse.
* * *
El golpe que despertó a John fue un verdadero rebote de nudillos, ruidoso como un disparo. En el instante en que lo escucho, se irguió por completo. Mientras se frotaba los ojos, silbó un «entre» y rezó por que no fuera más que Qhuinn trayendo una bandeja con la Primera Comida. La puerta no se abrió.
John frunció el ceño y bajó las manos.
Poniéndose de pie, tomó un par de vaqueros y se los subió hasta las caderas, luego se acercó a la puerta y… de pie en el umbral estaba Wrath con George a su lado y no estaba solo. Sus amigos y Rehvenge estaban con él, así como todos los Hermanos incluyendo a Tohr.
Oh… Dios… no.
A pesar de que su corazón se detuvo en seco, sus manos gesticularon rápidamente: ¿Dónde fue encontrado el cuerpo?
—Está viva —respondió Rehvenge mientras le tendía un teléfono—. Acabo de recibir el mensaje. Presiona el cuatro.
A John le llevó un segundo procesar la información. Luego arrebató el móvil de la mano del macho y presionó la tecla. Se oyó un pitido y luego…
Santa mierda… su voz. Su voz…
—Rehv… estoy fuera. Logré escapar. —Se oyó un suspiro bajo y profundo—. Estoy bien. Intacta. Estoy fuera. —Hubo una larga pausa. Al punto que John estaba a punto de comprobar que no…—Necesito algo de tiempo. Estoy a salvo… pero no regresaré por un rato. Necesito algo de tiempo. Cuéntaselo a todo el mundo… cuéntaselo… a todos. Me mantendré en contacto. —Otra pausa y luego la voz se volvió más fuerte, al borde de la furia—. En cuanto pueda… Lash es mío. ¿Me entiendes? Nadie, que no sea yo lo liquidará.
El mensaje terminó.
John volvió a presionar el cuatro y escuchó.
Tras la segunda vez, se lo devolvió a Rehv y enfrentó la mirada amatista. Era bien consciente de que hacía años y años que Rehv conocía a Xhex. Sabía que el tipo no sólo compartía experiencias con ella sino la sangre symphath que en muchos aspectos lo cambiaba todo. Sabía que el macho era más viejo y más sabio y toda esa mierda. Pero cuando se trataba de ella, el macho emparejado que había en John los dejaba en igualdad de condiciones. E incluso le daba ventaja.
¿Dónde podría haber ido? gesticuló.
Después de que Qhuinn tradujera, Rehv asintió.
—Tiene una cabaña de caza aproximadamente a veinticuatro kilómetros al norte de aquí. Sobre el Río Hudson. Creo que está allí. Tiene acceso a un teléfono y es un lugar seguro. Al anochecer iré allí solo. A menos que tú quieras acompañarme.
A nadie pareció sorprenderle el intercambio de palabras… pero luego John comprendió que su secreto debía haber salido a la luz. Tras la forma en que se había comportado en el dormitorio de aquella casa… por no hablar de como había destrozado a ese lesser, todos sabían lo que sentía por Xhex.
Esa era la razón de que hubieran acudido en grupo. Estaban reconociendo su estatus, prestándole el respeto debido. Los derechos y límites de los machos emparejados eran respetados en lo que concernía a sus hembras.
John miró a Qhuinn y gesticuló: Dile que iré.
Después de que su amigo tradujera, Rehv asintió y se volvió hacia Wrath.
—Iré con él y sólo con él. No puede traer a Qhuinn. Ya vamos a tener suficientes problemas con ella al llegar nosotros dos sin ser anunciados.
Wrath frunció el ceño.
—Maldición, Rehv…
—Corremos el riesgo de que huya. Ya una vez he pasado por esto con ella. Si viene alguien más, se va a dar a la fuga y no volverá a llamar. Además, John… me seguirá de cualquier forma, ¿No es así hijo? Te desharás de Qhuinn y me seguirás igual.
John no dudo en asentir.
Mientras Qhuinn maldecía como un hijo de puta, Wrath sacudió la cabeza.
—¿Para qué demonios te lo asigné como ahstrux…?
Se produjo un momento de tenso silencio, durante el cual el Rey midió tanto a John como a Rehv. Luego dijo:
—Oh, que diablos, está bien… por esta vez te dejaré ir sin protección, pero no te enfrentarás al enemigo. Irás a esa cabaña y sólo allí y luego regresarás a buscar a Qhuinn antes de acudir al campo de batalla. ¿Está claro?
John asintió y se giró para encaminarse al cuarto de baño.
—Diez minutos —dijo Rehv—. Tienes diez minutos y luego nos iremos.
John estuvo listo en cuatro y paseándose por la planta baja, en seis. Estaba completamente armado, de acuerdo al protocolo y cubierto de cuero protector. Y aún más que eso, se sentía vivo al punto del frenesí, la sangre le zumbaba con la intensidad de un tornado.
Mientras se paseaba, sentía que le miraban. Desde el salón de billar. Desde el comedor. Desde el balcón del segundo piso. Las bocas estaban silenciosas, pero los ojos no se perdían nada.
La Hermandad y los demás habitantes de la casa evidentemente alucinaban ante su conexión con Xhex y creía poder entenderlo. ¡Sorpresa! Se había vinculado con una symphath.
Pero no podías evitar de quien te enamorabas… ni cambiar los sentimientos de alguien que no te correspondía.
Dios, no es que eso importara. ¡Estaba viva!
Rehvenge bajó la escalera principal, con el bastón rojo golpeando los escalones alfombrados cada vez que adelantaba el pie derecho. No estaba vestido para la guerra, sino para mantenerse abrigado, con su abrigo de marta hasta el suelo rozando los cordones de la parte superior de sus zapatos y los puños de su elegante traje negro.
Cuando se acercó a John, simplemente hizo un gesto afirmativo con la cabeza y abrió camino hacia el vestíbulo. Juntos, atravesaron la puerta y penetraron en la noche fría.
El aire olía a limpio y a tierra mojada.
El perfume de la primavera. El mismísimo aroma de la esperanza y el renacimiento.
Acercándose al Bentley, John absorbió la fragancia en sus pulmones y la contuvo allí mientras se decía a sí mismo que Xhex estaba haciendo exactamente lo mismo, esa misma noche.
Y que no estaba enterrada bajo tierra.
Las lágrimas ardieron en los ojos mientras la gratitud inundaba todas y cada una de sus venas, bombeada por un corazón feliz.
No podía creer que fuera a verla… Dios, verla una vez más. Mirar esos ojos acerados. Poder…
Mierda, iba a ser difícil no rodearla con los brazos y mantenerla abrazada hasta mañana por la mañana. O quizás hasta la semana que viene.
Cuando entraron al coche, Rehv encendió el motor, pero no arrancó. Simplemente se quedó mirando a través del parabrisas al camino de guijarros que tenían delante. Con voz queda dijo:
—¿Cuánto hace que te sientes así? Respecto a ella.
John sacó el pequeño bloc que había llevado y escribió: Desde el momento en que la vi por primera vez.
Después de que Rehv leyera los rápidos garabatos, frunció el ceño.
—¿Ella siente lo mismo?
John no bajó los ojos al negar con la cabeza. No tenía sentido esconder ese tipo de mierda. No con un symphath.
Rehv asintió una vez.
—Típico de ella. Maldita sea… esta bien, hagámoslo.
Con un rugido, partieron hacia la noche.

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